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Statement

Graffiti has long served as a symbol of rebellion—a vehicle for speaking back to power, a way of reclaiming public space, and a response to the social tensions embedded in the urban fabric. As architectural historian Iain Borden notes, graffiti not only challenges authority but also transforms the city into a “landscape of resistance.” I admire this capacity for intervention and transgression, yet I am equally interested in questioning its limits and its impact on the urban environment.

Over time, what I once perceived as gestures of vitality and protest has begun to feel overwhelming. Initially, this visual proliferation struck me as invigorating—a vivid reminder of the city’s creative energy. But today, confronted with the excess of images and colors saturating the streets, I experience a growing sense of visual exhaustion. Bogotá embodies this tension: a city in constant transformation, where walls operate simultaneously as canvas and barrier.

In my artistic practice, I explore this ambiguity through digital photography and montage. I document graffiti during my daily routes and digitally manipulate these images to construct new structures—monumental forms that allude to Bogotá. In my work, the compositions take on massive geometric shapes, as if fragments of paint and concrete have solidified into imposing architectures, generating an alternate city where urban interventions cease to be ephemeral and instead become permanent.

For instance, in my series Islas (2023), I begin with photographs of sidewalks and walls marked by graffiti. Through photomontage, these fragments converge to form a new structure.

My process is defined by the act of assembling fragments—gathering dispersed pieces and granting them new life. This approach is influenced, in part, by my interest in horror cinema, particularly the figure of Dr. Frankenstein. Just as Shelley’s character constructs a creature from disparate parts, in my series Retratos de ciudad (2025), I gather fragments of graffiti and reorganize them into new compositions. These organisms echo the fragmented nature of Bogotá—a city that continually destroys and rebuilds itself, where each layer of paint bears witness to a previous story.

Postura Crítica

El graffiti ha sido históricamente un símbolo de rebeldía, un canal de expresión contra el poder, una forma de apropiarse del espacio público y de responder a las tensiones sociales de una ciudad. Como señala Iain Borden, historiador de la arquitectura, el graffiti no solo desafía la autoridad, sino que también transforma la ciudad en un “paisaje de resistencia”. Admiro esta capacidad de intervención y transgresión, pero al mismo tiempo, me interesa cuestionar sus límites y efectos en el entorno urbano. 

Desde mi experiencia, siento que con el paso del tiempo, lo que antes percibía como gestos de vitalidad y protesta, se ha convertido en una sobrecarga visual que asfixia. Al principio, esta transformación me parecía agradable, un recordatorio vibrante de la energía creativa de la ciudad. Sin embargo, hoy en día, al observar la amalgama desmesurada de imágenes y colores que saturan el espacio urbano, siento una creciente sensación de saturación visual. Bogotá es un ejemplo de esta tensión: una ciudad que se transforma constantemente, donde los muros son al mismo tiempo lienzo y barrera.

En mi práctica artística, exploro esta ambigüedad a través de la fotografía digital y el montaje. Registro graffitis en mis recorridos cotidianos y los manipulo digitalmente para construir nuevas estructuras, monumentos alusivos a Bogotá. En mi trabajo, las composiciones adquieren formas geométricas masivas, como si los fragmentos de pintura y cemento se solidificaran en edificaciones imponentes, creando una ciudad alterna donde la intervención urbana ya no es efímera, sino permanente. 

Por ejemplo, mi serie Islas (2023), parto de fotografías de andenes y muros con graffitis. En mi proceso de fotomontaje, estos fragmentos se unen para dar vida a una nueva estructura.

Mi proceso artístico está marcado por la acción de unir fragmentos, de tomar pedazos dispersos y darles una nueva vida. Dicho proceso está de alguna forma influenciado por mi interés en el cine de terror, en particular la figura del Dr. Frankenstein. Así como el personaje de Shelley construye una criatura a partir de fragmentos dispares, en mi serie Retratos de ciudad (2025), tomo pedazos de la graffitis y los reorganizo en nuevas composiciones. Estos organismos reflejan la naturaleza fragmentada de Bogotá: una ciudad que se destruye y reconstruye constantemente, donde cada capa de pintura es testimonio de una historia previa.

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